Desarrollo de la relación de pareja
Encontrar el sentido y la relevancia a todas las actividades cotidianas que se realizan en pareja, no significa que la relación se mantenga estática, inmóvil o estancada. Todo sistema, llámese familia, pareja, grupo… cuenta con una energía, concebida como una fuerza que mantiene funcionando a las relaciones. Esta energía puede fluctuar entre mantener el balance del sistema o bien provocar cambios y movimientos.2 Para plantear una metáfora en torno a estos conceptos, podemos decir que la pareja puede aprender a disfrutarse mutuamente en los tiempos serenos, aquellos en los que no hay muchos cambios, en donde la vida es más sencilla, más rutinaria, más cotidiana; y en contraparte estar preparados y conscientes de que habrá momentos de cambios en los que la pareja tenderá a desorganizarse, a desarrollarse, a modificar patrones, para finalmente volver a encontrar el balance. Para ahondar un poco en este tema, Bader y Pearson identifican cuatro etapas del desarrollo de la relación de pareja, que son las siguientes:
Simbiosis. Esta fase describe el proceso de enamoramiento o luna de miel. Se caracteriza porque ambos se sienten como “uno mismo”. Se crea la base para el nutrimiento y la confianza mutuas. Esta etapa es necesaria para establecer vínculos sólidos y fuertes lazos emocionales. Generalmente se buscan las semejanzas y se evitan las diferencias para no tener conflictos.
Diferenciación. Esta etapa se caracteriza porque los miembros de la pareja se distinguen como individuos separados. Se desarrolla la capacidad para aceptarse y tolerarse como personas diferentes. Se requiere conocerse entre sí tal como son y expresar sus diferencias. Cada uno desea ampliar su tiempo y espacio para sí mismos. En esta etapa cada uno tendrá diferentes sentimientos, necesidades y establecerán fronteras. Probablemente tendrán desacuerdos en temas de control y poder. En esta etapa puede sentirse abandono por parte de la pareja.
Ensayo (practicando). En esta fase se dirige la atención a la autonomía y la individuación. Aquí la pareja desarrolla un proceso sano para resolver las diferencias, al mismo tiempo que mantiene una conexión emocional mientras se desarrolla el sí mismo en el mundo. Es decir, se presenta una lucha por consolidar áreas de interés propios. Generalmente coincide con más responsabilidades laborales en la vida profesional de la pareja y en el cuidado de los niños.
Re-acercamiento. Al tener un sentimiento de identidad bien desarrollado, los miembros de la pareja pueden retornar nuevamente a ser más vulnerables y cercanos emocionalmente el uno con el otro. En esta etapa se desarrolla un equilibrio entre el Yo y el Nosotros. Es decir, se alternan expresiones de independencia y de intimidad, de individuación y de pertenencia, y se amplían las fronteras de la relación. Se produce un reconocimiento del vínculo de la pareja mientras se establece una independencia para sentir confort y apoyo manteniendo al mismo tiempo entidades separadas.
Las fases del desarrollo de la relación de pareja
En cada una de estas etapas se encuentran inmersas muchas actividades y prácticas cotidianas que van enriqueciendo la vida de la pareja. En la etapa de la simbiosis, por ejemplo, se vuelve una rutina ir juntos a cualquier parte, ya sea al cine o al supermercado. Ese estar juntos, esa cotidianidad tiene un gran significado e importancia en esta etapa para la pareja. Posteriormente, cuando cada quien decide realizar en su cotidianidad actividades individuales –ya sea que él decida ir a correr solo, mientras que ella se va al gimnasio, o cada quien pasa tiempos con sus amigos– esta forma de convivir se vuelve un estilo de vida, una rutina. Sin embargo no son las actividades cotidianas las que están empobreciendo la relación, sino que cada miembro de la pareja vive una búsqueda de su individualización, que es natural. En las dos últimas etapas (ensayando y re-acercamiento), pueden presentarse actividades cotidianas que la pareja realizará en forma individual y en conjunto.
Cada quien tendrá que cumplir con sus tareas y obligaciones, como tender la cama, lavar los trastes, llevar a los niños al colegio, ir a trabajar; y el poco tiempo libre que tengan, asumirlo para ellos, platicar de su relación, ir al cine, planear una buena cena y disfrutar de su intimidad. La cotidianidad será parte de la vida de una pareja, enmarcada en un balance que permita tener armonía entre el mundo de la pareja (él y ella) y la unión entre ellos (el nosotros). En otras palabras, la cotidianidad de las actividades que se realizan en pareja tiene un gran valor y significado en sí mismos, es lo que va dejando huella en la relación. Son pequeñas cosas que, acumulándose día a día, van creando la historia de una vida en común, construyendo “lo mejor de dos mundos” como lo afirma Ruperto Charles.
Las expectativas, más que la cotidianidad, son las que marcan el rumbo de la relación de pareja
Al momento de elegir y decidir vivir en unión con otra persona, cada uno de nosotros tenemos una serie de expectativas con respecto a lo que esperamos del matrimonio o de la unión de una pareja. En mi experiencia clínica, los hombres, siendo generalmente más racionales, tienen la expectativa de proveer el sustento al hogar, de tener un matrimonio en el que haya paz, tranquilidad, y puedan realizar sus sueños y anhelos. Algunos han mencionado que anhelan tener una compañera que los escuche, que los anime y que los apoye en sus proyectos personales. Por otra parte, las mujeres, al ser más emocionales en la mayoría de los casos, mencionan expectativas como la de tener una pareja que sea atenta, cariñosa, caballerosa, que las escuche y apoye en sus proyectos y planes personales.
De esta forma, un cónyuge se sentirá decepcionado, enojado o triste cuando perciba que el otro ha fallado en aspectos que en el inicio de la relación prometió aportar; o bien cuando se dé cuenta de que sus expectativas no están siendo satisfechas. No es la rutina o la monotonía la que está deteriorando la relación, sino la falta de comunicación, de expresar al otro que lo que están viviendo como pareja ya no les hace sentirse plenos. Compartiendo un poco de mi historia personal, durante mi especialización como terapeuta se iban estudiando módulos para saber intervenir con niños, adolescentes, adultos, con familias y con parejas.
El área que más me apasiona trabajar es la de parejas, porque es en esa unión donde nace la familia, donde se crían los hijos, donde se van entretejiendo sueños e ideales de una vida en común. Asimismo, en otras ocasiones, son parejas que también han tenido la experiencia de un matrimonio o una unión previa, y buscan en otro ser una segunda oportunidad para sentirse nuevamente amados, apoyados, reconocidos. Tal vez, al igual que yo, alguna vez se han preguntado por qué una pareja que decidió unirse tiene que terminar; por qué tienen que acabarse las esperanzas e ilusiones con que iniciaron la relación. Algunas de las respuestas que he encontrado al observar y dialogar con las parejas que han tenido la confianza de compartirme parte de su proceso, es que ante los problemas –que forman parte de la vida cotidiana– se responde con actitudes y acciones que los empeoran.
En este momento los psicólogos y terapeutas podemos ofrecer un espacio neutral de diálogo y reflexión que permita a las parejas tener otra perspectiva de su relación, ofreciéndoles las herramientas necesarias para encontrar soluciones a esos problemas cotidianos que han dejado engrandecer.
Componentes y dimensiones de la relación de pareja
Para ofrecer un panorama general de los componentes de la pareja, a continuación cito a dos autores que proponen conceptos que enmarcan las áreas importantes de la interacción marital. Nichols y Everett identifican cinco áreas de interacción, a saber:
* El Compromiso, referido al grado de unión y atención para estar involucrado con el cónyuge y/o en el matrimonio.
* El Cuidado, tiene que ver con el tipo y cantidad de cuidado, amor y sentimientos similares que uno tiene hacia el cónyuge.
* La Comunicación, se refiere al tipo, calidad y rango de comunicación que existe entre la pareja.
* El Conflicto y compromiso, responde a cómo la pareja es capaz de lidiar con las diferencias, incluyendo su habilidad de comprometerse sobre diferencias genuinas con el objeto de mantener la relación funcionando.
* La Disposición, se refiere a conductas tomadas libremente por un cónyuge a nombre del otro, y sin la expectativa del beneficio inmediato, simplemente porque él o ella desea hacer algo que es útil o placentero para el otro. Por otra parte, Gilbert y Shmukler definen una serie de dimensiones de relación para evaluar las principales áreas que puede trabajar y/o reforzar una pareja. Las dimensiones que citan las autoras son:
* Compatibilidad en el sistema de valores, creencias centrales y marcos de referencia. Valorando que en una pareja compatible mantienen acuerdos en asuntos tales como la recreación, el dinero, el trabajo, el sexo, la educación de los hijos, etc.
* Efectividad en la solución de problemas y resolución de conflictos. Este concepto evalúa si la pareja tiene la madurez suficiente que les permita tomar decisiones de manera satisfactoria sobre las preocupaciones que surgen en el curso de sus vidas.
* Intimidad emocional, capacidad para divertirse y para lograr gratificación sexual. Este concepto se refiere al contacto espontáneo que hay en la pareja.
* Cuidar del otro, dar apoyo, calor y ayuda en tiempos de necesidad. Esta dimensión se refiere tanto a las necesidades básicas de cuidado y la capacidad de la pareja para apoyar de manera cálida y amorosa a su pareja.
Estos componentes y dimensiones que proponen los autores anteriores son áreas importantes en que toda pareja podrá reflexionar para identificar lo que debe fortalecer o incluir en su relación. Personalmente, en mi trabajo como psicoterapeuta, son cuatro las áreas principales que trabajo con las parejas. Tres de estas áreas son propuestas por José Navarro, quien define que las relaciones de pareja descansan en tres fundamentos:
1. Habilidad para comunicarse
La comunicación significa trasmitir.Es una acción que involucra a un emisor y receptor en la cual el emisor expresa de una forma clara y concreta la idea o argumento que desea trasmitir a su receptor, y éste tiene la capacidad de captar la idea lo más claramente posible, sin interferencias.
2. Habilidad para negociar
La negociación es un acuerdo mutuo en el cual ambas partes salen beneficiadas. Para lograr la negociación, es necesario ordenar las prioridades de los problemas. Posteriormente se hacen acuerdos sobre conductas alternativas para las que son problemáticas. Las alternativas deberán definirse de una forma muy concreta y deben promover conductas positivas y no sólo suprimir las negativas. Cada miembro de la pareja ha de comprometerse libremente a hacer la parte que le corresponde.
3. Tener un modelo de solución de problemas
Es un mecanismo por medio del cual se logra resolver la problemática que se presenta en cada una de las parejas, proponiendo y acordando acciones específicas para resolver la situación. Además de estos tres fundamentos propuestos por Navarro, agrego un cuarto punto:
4, Reconocimiento de las fortalezas y los recursos de que se dispone tanto en forma individual como en pareja
Se refiere a identificar y explotar la parte positiva, las habilidades, las herramientas, los medios, la riqueza y el potencial de la pareja. Si en la vida cotidiana de una pareja estuvieran incrustados estos cuatro fundamentos, estoy convencida de que las parejas disfrutarían mucho más de su relación. Se escucha muy sencillo ¿cierto? Todos en nuestra rutina nos comunicamos, negociamos y tratamos de solucionar los conflictos o problemas que se nos presentan. Sin embargo se sorprenderían al saber que muchas parejas cojean en alguna de estas áreas, y no se diga del reconocimiento de los recursos que tienen en sí mismos y/o como pareja. Por ejemplo, ¿usted recuerda cuándo fue la última vez que le mencionó a su pareja lo que le sigue gustando de él o ella? O bien, ¿en qué momento le ha dicho que le admira y reconoce todo el esfuerzo que ha demostrado en estos años por sacar adelante a la familia? Por otra parte, la comunicación es un recurso que siempre utilizamos, aún a través del silencio, porque como menciona Watzlawick “es imposible no comunicar”.
Al respecto, hay ocasiones en que muchas veces uno decide guardar silencio por no hacer sentir mal al otro. Sin embargo es importante comunicar todo a la pareja, y cuando menciono todo, es todo: los aciertos y desaciertos; lo que les gusta y lo que les disgusta; lo que les hace felices y lo que les hace sentir tristes y melancólicos. Una fórmula para comunicarse es hacerlo de una forma asertiva. ¿Qué significa esto? que uno puede decirle a su pareja todo lo que piensa y siente sin ofenderlo. Para lograrlo uno deberá siempre hablar en primera persona, v. gr.: “Me siento triste cada vez que te alejas de mí” en vez de “¡Tú siempre quieres evitarme!” comunicándolo de una manera clara, concreta y precisa. Con respecto a la negociación, la metáfora que siempre me viene a la mente son los autos: si ella desea un auto amarillo y él un auto azul, al negociar el color del auto que comprarán será verde (es decir, la combinación de ambos colores).
No será ni amarillo, ni azul, pero al verlo les significará que es el color que representa el gusto de ambos. Finalmente, respecto a la solución de conflictos, por lo general les digo a mis pacientes que ellos pueden enojarse y discutir cuantas veces sea necesario, siempre y cuando tengan un mecanismo efectivo y eficaz que les permita llegar a una solución.
En definitiva, lo que la vida nos ofrece en todo su esplendor y magnificencia es el amor que ofrecemos y recibimos de los otros. Uno ama a los padres, hermanos, hijos, abuelos, tíos, sobrinos, amigos… Y cuando éstos no están, cuando todos se han ido, sólo queda nuestra pareja a nuestro lado, aquel compañero de vida que elegimos para construir un camino lleno de sabores: agrios, dulces, amargos, salados… Lo importante es que todos estos formen parte de nuestra cotidianidad.
Preguntas para la reflexión
1. ¿Cuál ha sido su fórmula para disfrutar de la cotidianidad de su relación de pareja?
2. ¿Qué es lo que en este momento está realizando y disfrutando como pareja, que seguirá recordando en sus bodas de plata y/o de oro?
3. ¿Cuál es el regalo más valorado (con respecto a comportamientos y actitudes) que le puedes ofrecer cotidianamente a tu pareja, y que apreciará siempre a lo largo de su camino juntos?
Lecturas recomendadas
Navarro, José. (1992). Técnicas y Programas en Terapia Familiar. Barcelona, España: Paidós.
Charles, Ruperto (2005). Terapia Breve Sistémica en Soluciones para parejas y padres. Esquemas, guías y ejemplos para una práctica exitosa. México: CREE-SER.
